Docencia remota, un nuevo mercado por descubrir

La educación a distancia se mantiene por covid-19, así lo indicó la SEP.
Docencia remota, un nuevo mercado por descubrir
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Docencia remota, un nuevo mercado por descubrir

 

A pesar de los avances técnicos y la rapidez de la vida en los tiempos modernos, hay determinadas mentalidades que llevan una evolución más lenta. Es el caso de las que rodean al sector de la educación.

Docencia remota, un nuevo mercado por descubrir

Aunque las herramientas tecnológicas y pedagógicas a disposición de los profesores y los alumnos sean cada vez más amplia y este cada vez más desarrollada (y poco a poco se vaya incorporando a los métodos de estudio y las formas de impartir las lecciones), lo cierto es que el enfoque generalizado ha variado poco en las últimas décadas y, hasta la llegada del Coronavirus, la posibilidad de avanzar en el sentido de la docencia remota era algo de lo que apenas se hablaba.

La educación presencial ha sufrido, durante la pandemia, una situación sin precedentes que ha obligado a muchos docentes a replantearse la manera de enseñar. Aunque aún estén presentes multitud de estigmas asociados a la educación en línea, que vinculan este tipo de educación con niveles de calidad más bajos, la investigación ha demostrado, por medio de varios estudios, que se puede ofrecer una enseñanza a distancia de gran calidad y obtener resultados que pueden llegar sobrepasar los que se derivan del método presencial tradicional.

Sin duda, este nuevo método supone un reto tanto para alumnos como para profesores. Por un lado, la dependencia con respecto a la conexión de internet, el acceso a las tecnologías y el manejo de las herramientas técnicas necesarias para poder recibir la educación puede suponer una limitación de acceso para algunos estudiantes.

Por otro, para los profesores, estas nuevas dinámicas exigirían un cambio de mentalidad, creatividad y el abandono de determinados paradigmas como el profesor-centrismo predominante en la educación actual.

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En este sentido, el hecho de que exista distancia entre el docente y el estudiante obliga necesariamente a cambiar la perspectiva de las clases. La tendencia hacia la distracción o la desconexión, si la forma de impartir clases es —como ocurre en la mayoría de los centros docentes hasta ahora— unidireccional y teórica, estará mucho más acentuada.

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Esto, necesariamente, llevará a los docentes a investigar nuevas maneras de mantener la atención del alumnado, de incentivar su participación, de poner el foco en el estudiante individual (en vez de en el grupo en conjunto) y, en definitiva, de hablar en un idioma que los estudiantes entiendan y con el que se identifiquen.

En estos últimos meses hemos visto como muchas instituciones, desde universidades y colegios, hasta academias y otros centros de formación, han comenzado a ofrecer cursos online y clases a distancia para atraer a nuevos estudiantes que no quieran exponerse al virus acudiendo a los centros de estudio

Sin embargo, para sacarle partido a este nuevo medio, no será suficiente con simplemente trasladar el método presencial a una grabación y ponerla a disposición de los alumnos. Si un profesor habla por videoconferencia durante una hora a un grupo de 25 alumnos, lo normal será que esa lección sea un fracaso.

Para evitar el aburrimiento y dirigir la participación de manera eficaz y adecuada habrá que, en primer lugar, dominar las herramientas y las plataformas que nos ofrece la web (programas de videoconferencia como Zoom o alternativas similares, uso de redes sociales, tutoriales de YouTube, etc.).

A esto habrá que unirle una adaptación de la forma de comunicación, haciendo que se ajuste al medio que estamos utilizando. Por lo general, por ejemplo, funcionarán mejor trabajar en grupos pequeños y separados empleando herramientas de participación que capten la atención del público.

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En la docencia en línea hay que tener un especial cuidado con la privacidad y la seguridad del alumnado, por lo que se recomienda el uso de conexiones VPN para evitar que estas sean interceptadas.

Por último, como decíamos antes, habrá que cambiar de una vez por todas el foco desde la figura del profesor y ponerla en la del alumno, confiando en sus capacidades de aprendizaje individual y creando un contexto que le permita tener un mayor grado de independencia, flexibilidad y creatividad en el aprendizaje.

Se trata de asistir al estudiante a que encuentre lo que le guste y aportarle las herramientas para que pueda profundizar en sus conocimientos. O, dicho de otro modo, de buscar vías para aportar una atención personalizada, no de cebar con conocimientos que entran por un oído y salen por el otro. Veremos si las TIC nos ayudan en el, tan necesario, avance en esta dirección.