Recupera tu equilibrio aún en días complicados

Por Angélica Bovino*

¿Te ha pasado que despiertas y sientes que la vida te está pidiendo más de lo que puedes dar? A veces no es una sola cosa. Es el trabajo, la familia, el dinero, una conversación pendiente, una preocupación que no se apaga o esa sensación de que tienes que resolverlo todo al mismo tiempo.

Cuando eso sucede, es muy fácil pensar que el problema es “ser negativa” o “estar mal”. Pero después de más de veinte años acompañando procesos espirituales y emocionales, he visto algo una y otra vez: la negatividad no siempre es el problema; el verdadero desgaste aparece cuando nos quedamos atrapados en ella y olvidamos cómo regresar a nuestro centro.

Sentir miedo, cansancio o preocupación no te hace menos espiritual. Te hace humana. Lo importante es aprender a mirar lo que sientes sin dejar que eso tome el volante de tu vida.

Por eso quiero compartirte tres prácticas sencillas que puedes usar en esos días donde todo parece pesar más.

Angélica Bovino, pionera de la angeloterapia en México

1.   Regresa a tu cuerpo y a tu respiración

Cuando la mente se llena de miedo, casi siempre se va al pasado o al futuro. Empieza a recordar lo que no salió bien, lo que dolió, lo que faltó, lo que pudo haber sido. O se adelanta a todo lo que podría salir mal.

La respiración nos ayuda a regresar al único lugar donde realmente podemos hacer algo: el presente. Cierra los ojos unos minutos. Lleva una mano al corazón y otra al abdomen. Respira profundo y pregúntate: “¿Qué estoy sintiendo en este momento?”

No necesitas resolver toda tu vida en ese instante. Solo necesitas volver a ti. A veces, recuperar el equilibrio empieza con algo tan sencillo como darte cuenta de que estabas viviendo desde la mente acelerada y no desde tu centro.

2.   Observa el pensamiento sin engancharte

No todo lo que piensas es verdad. La mente muchas veces no habla desde la sabiduría, sino desde el miedo, desde heridas pasadas o desde historias que hemos repetido tantas veces que ya las confundimos con realidad. Por eso, cuando aparezca un pensamiento que te roba la paz, en lugar de pelearte con él, obsérvalo.

Puedes decirte: “Estoy teniendo un pensamiento de miedo”, “estoy imaginando el peor escenario”, “estoy creyendo que no voy a poder”. Nombrarlo cambia algo. Porque cuando lo observas, dejas de ser el pensamiento y vuelves a ser quien lo mira.

Ahí recuperas poder. No porque el problema desaparezca mágicamente, sino porque ya no estás reaccionando desde la misma energía.

3.   Pide ayuda a tus ángeles

Esta parte para mí es muy importante, porque llevo muchos años enseñando que la conexión con los ángeles no es una fantasía ni una moda. Es una práctica espiritual que puede ayudarnos a sentirnos sostenidos, acompañados y guiados, especialmente en los momentos donde más ruido hay dentro de nosotros.

No tienes que enfrentar sola un día difícil. Puedes hacer una oración sencilla, desde el corazón: “Ángeles, ayúdenme a limpiar esta energía. Ayúdenme a ver esta situación con más claridad. Guíenme para regresar a la paz, al amor y a la confianza.”

No necesitas hacerlo perfecto. No necesitas sentir algo espectacular. Solo necesitas abrir un espacio interno para recibir ayuda. A veces la respuesta llega como calma. A veces como una idea. A veces como una llamada, una señal, una conversación o simplemente como la fuerza para dar el siguiente paso.

Los ángeles no vienen a quitarnos nuestra responsabilidad, pero sí pueden ayudarnos a recordar que no estamos caminando solos. Cuando sientas que una situación te sobrepasa, prueba estas tres prácticas: respira, observa lo que estás pensando y pide ayuda.

No siempre podemos controlar lo que sucede afuera, pero sí podemos aprender a regresar a nuestro centro. Y desde ahí, la vida se mira distinto.

*Pionera de la angeloterapia en México, autora y fundadora de Ángeles en tu Vida